Rosario, 24 de
marzo de 2006
Pasaron
los días y las madres se movilizaron
en distintos lugares de su ciudad, en cada
rincón del país pasó
lo mismo.
Aprendimos solas, en un
clima de terror y persecución. No tuvimos
miedo.
En la ciudad que me tocó
luchar empezamos a reunirnos en la sala del
obispado, donde no había nadie, alentadas
por una chica a quien le habían llevado
al hermano que nos decía señoras,
tienen que conocerse, tienen que agruparse,
y ella nos organizaba.
Un día nos encontramos
con un carro de asalto del ejército
en la puerta y se llevaron a la chica, por
cinco días. Ya no pudo volver, en su
lugar continuaron la lucha su madre y su padre.
Luego conseguimos que el
Pastor de la Iglesia Evangélica Metodista
nos permitiera reunirnos en secreto, en un
altillo. En ese momento éramos 8 madres,
pero más tarde al Pastor lo trasladaron.
Entonces conseguimos una Iglesia católica
que nos abrió las puertas.
¡Esa gente se jugó,
y cuánto!
Al salir de aquellas reuniones,
muchas veces, nos encontrábamos con
los Ford Falcon verdes en la puerta, que nos
demostraban cómo nos vigilaban, y a
veces nos sacaban fotos.
Lo hacían para asustarnos.
En los primeros días
tuvimos la desaparición de una madre
española, ella le había contestado
mal a un general y luego se la llevaron, tenía
sus dos hijos desaparecidos, estaba sola.
Tuvimos que hacer un Habeas Corpus las mismas
compañeras.
Así llegamos a reunirnos
setenta madres, y algunos padres también.
En cada ciudad sucedió
algo parecido, se organizaban marchas y miles
de cosas.
Así llegó
el día en que las Madres nos reunimos
en Buenos Aires, sucedió en 1977, allí
nos conocimos las Madres de todo el país.
Comenzábamos a hacer
escritos y pedidos a todas partes del mundo,
a organizaciones mundiales, lo hacíamos
en conjunto y a título personal. Organizamos
campañas con miles de firmas y datos.
Las campañas
de firmas: en nuestras ciudades se hacían
en las calles, en peatonales, a veces hasta
las 2 de la mañana, sobre todo donde
había turistas, se les pedía
la firma, profesión y lugar. Esta campaña
duró muchos años, nos asombrábamos
de los lugares remotos, como Sudáfrica,
Holanda, Francia y otros tantos lugares de
donde venía la solidaridad.
La campaña de
fotos: estaban los rostros de nuestros
hijos con sus datos, se hacían largas
tiras, envolvíamos los árboles
y la Plaza, a lo largo de la Avenida de Mayo
quedaba todo empapelado.
La campaña de
manos: poníamos mesas en la peatonal
y a todo el que pasaba y quería le
dibujábamos las manos, la gente las
firmaba y algunos escribían. Luego,
en días sucesivos, colgábamos
las tiras en las plazas de nuestra ciudad,
realizábamos ese trabajo junto a los
grupos de apoyo.
La campaña de
figuras: Se ponían cartones en
el suelo y chicas y muchachos se recostaban,
algunas embarazadas, y los estudiantes de
Bellas Artes dibujaban el contorno, luego
los recortaban y ponían en árboles
y calles, todas esas figuras llevaban los
nombres de nuestros hijos.
La campaña de
pañuelos: Nos asombró cuando
comenzaron a llegar cajas enormes de cartón
llenas de pañuelos blancos y de telas
de todas partes del mundo, de Bélgica,
Noruega, Holanda, Sudáfrica, Euzkadi,
España, Italia, Francia, Suecia y otros
tantos...
Era impresionante, se pusieron
tiras y tiras de un palo a otro, se envolvieron
todos los árboles y los pañuelos
se veían a lo largo de las calles,
todos con el nombre del país y alguna
consigna.
Los jóvenes trabajaban
semanas enteras para lograrlo.
Quiero AGRADECER a todos
los jóvenes de los grupos de apoyo.
Recordar al Dr. Augusto
Conte que por años luchó tanto,
le faltaba una hija. Con los años,
decepcionado de no conseguir nada se suicidó.
A Alfredo Bravo, preso
y torturado, siguió luchando por los
Derechos Humanos.
A Monseñor Jaime
de Nevares. De Neuquén, que siempre
nos apoyó, nos recibió y contestó
las cartas que le mandábamos, todas
manuscritas, y vino a las Marchas de la Resistencia.
También quiero agradecer
a Monseñor Miguel Hessayne.
Recuerdo que eran infaltables
a las marchas Alfredo Bravo, Adolfo Pérez
Esquivel, Monseñor Novak y el Padre
Antonio Puigjané.
Agradezco a Federico Pagura.
Nuestro más sincero
recuerdo al compañero arquitecto Alberto
Martín Ledesma, a Rubén Naranjo,
a Fidel Toniolli a Susana Mels.
También agradezco:
A Graciela Imhoff, Irene
Martín y el Sr. Meyer, quienes nos
salieron de garantía para el alquiler
de nuestras sedes.
Al Dr. Baigorri que atendió
a Elena Belmont y desde ese momento siempre
nos acompaña.
A la Dra. Inés Cossi
por su ayuda profesional.
Al Instituto Movilizador
de Fondos Cooperativos que estuvo siempre
con nosotros, en todo sentido.
A Pepi, que nos acompañaba
y cocinaba cuando se hacían los encuentros
de Madres del País.
A toda la gente que durante
años nos acompañó y los
que todavía nos acompañan, no
puedo nombrarlos a todos pero ellos saben
de nuestro recuerdo.
A los chicos de la revista
Alapalabra que siempre están
con nosotros, muchas gracias.
Al periodismo que siempre
estuvo con nosotras, gracias.
A los que sufrieron cárceles
y tortura. A los organismos de Derechos Humanos
de Rosario, a todos nuestro reconocimiento.
A nuestros maridos que
ya no están, sufrieron y nos apoyaron
en nuestra lucha.
Las Madres ganamos el reconocimiento
mundial, no por ser pasivas, teníamos
una lucha, no nos importaba nada, incluso
morir, corridas por los perros, los caballos,
pasábamos insultando a los milicos
en la cara, rompiendo las vallas policiales,
cantábamos consignas. Ellos desocupaban
colectivos y subían a las Madres y
las llevaban a las comisarías donde
las tenían varias horas, eso era común,
corrían nuestros abogados hasta sacarnos.
La Marcha de la Resistencia
fue comentario en el mundo, 24 horas girando,
allí nos enterábamos de los
hechos insólitos que nos habían
ocurrido durante el año.
En una de las Marchas de
la Resistencia la policía Federal se
pertrechó y no nos dejó pasar,
algunas Madres se arriesgaron a pasar por
debajo de los caballos, así los enredamos
y tuvieron que retroceder. Allí nos
quedamos, hicimos la marcha ocupando la Avenida
de Mayo y para ellos fue peor porque cortamos
el tránsito y la marcha nos salió
mejor que nunca. Nos sentamos toda la cuadra
en el suelo y los caballos no podían
pasar, fue al estilo Gandhi, desde ese momento
nunca mas nos cortaron la entrada a la Plaza.
Quiero recordar a nuestras
Madres de Rosario ya fallecidas, María
Rosa Witte, la Sra. Pratt, Nélida Moro,
María Irma Molina y Elenita Belmont,
PRESENTES.
También recordar
a las Madres que por diferentes razones ya
no vienen, Ana María Díaz, Francisca
Acosta y Lucrecia Martínez, que estuvieron
años en la agrupación, Gracias.
Nelma Jalil fue la primera
madre que comenzó la ronda en Rosario,
solía ir ella solita con su pañuelo.
Esperanza Labrador, una
luchadora, se tuvo que ir a España,
le diezmaron a su familia pero dejó
las cenizas de sus seres queridos en nuestra
Plaza.
A mis queridas compañeras
de lucha de Mar del Plata.
A todas las Madres, las
que estuvieron y las que están nuestro
agradecimiento.
Quiero terminar diciendo
que el dolor no se apaga, algunos han tenido
su castigo, como Astíz, repudiado por
todos no es dueño de su vida. Massera
lleva mucho tiempo moribundo, ninguno de ellos
puede ser orgullo de su familia. Los combatimos
y no lograron vivir tranquilos.
Todo pasa por el corazón,
y para terminar quiero recordar una consigna
de las Madres que siempre nos acompañó...
No olvidaremos, no perdonaremos.
Ni olvido ni perdón.
Los molinos ya no están, pero el viento
sopla todavía.
Élida V. de
López
Madre de Plaza 25 de Mayo
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