por Pablo Álvarez
ultimovagon94@yahoo.com.ar
Los restos hallados de las
Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor,
Esther Ballestrino de Careaga y María
Eugenia Ponce de Bianco, secuestradas en 1977,
esconden una historia de cobardía,
pero también de dignidad, del coraje
de un puñado de mujeres que salieron
a cambiar la historia, en la peor de las noches.
Ángel
rubio de la muerte, de que poco te sirvió
el himno, Jesús, la bandera y el sol
que te vio...
León Gieco
Una de las mejores películas
de fantasmas que vio este cronista cuenta
la historia de un pibe, atormentado porque
veía gente muerta, en la escuela y
en su casa, de día y de noche, los
fantasmas estaban por todas partes, no dejaban
de aparecer, y el chico quedaba aislado por
el espanto, por la incomprensión de
las otras personas que ignoraban las cosas
que ocurrían, y solo él tenía
ojos para ver.
Cierto día, a un
psicoanalista en pena, se le ocurre que tal
vez no haya que huir de aquellos fantasmas,
acaso la clave estaba en mirarlos a los ojos,
por temibles que fueran, interrogarlos y ver
que tienen para contar...
Para quienes no la hayan
visto, no voy a develar el final de esta historia
que solo traigo a cuento, a propósito
de nuestras propias verdades escondidas, de
los terribles secretos que ni el mar se quiso
guardar.
Corría enero
de este año cuando el Equipo
Argentino de Antropología Forense
puso al descubierto uno de los crímenes
mas vergonzosos de nuestra historia: La exhumación
de unas fosas clandestinas, ubicadas
en el cementerio de General Lavalle,
confirmó que los restos hallados
pertenecen a las Madres de Plaza de Mayo Azucena
Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y
María Eugenia Ponce de Bianco,
secuestradas en un operativo en diciembre
de 1977, ellas permanecieron detenidas, desaparecidas
en la ESMA antes de ser arrojadas al mar,
en un vuelo de la muerte.
Detrás de este hallazgo
se esconde una historia de cobardía,
pero también de dignidad, del coraje
de un puñado de mujeres que salieron
a cambiar la historia, en la peor de las noches.
Judas
Quién diga
verdades no va a recibir represalias por ello...,
decía Jorge Rafael Videla en
una conferencia de prensa en 1977.
En base a esta afirmación las Madres
y familiares de desaparecidos decidieron publicar
una solicitada en el diario La Nación,
dirigida a los altos mandos de las Fuerzas
Armadas, a la Junta Militar, a las autoridades
eclesiásticas y a la prensa nacional:
Por Una Navidad en Paz, solo pedimos
la verdad, decía el título
de la denuncia que debía ser revelada
al mundo entero, La paz tiene que empezar
por la verdad, la verdad que pedimos es saber
si nuestros desaparecidos están vivos
o muertos y donde están...
Entre los nombres que firman
la solicitada, Gustavo Niño era
identidad fraguada que escondía al
Capitán Alfredo Astíz,
el ángel rubio que la Marina había
enviado para terminar con este incipiente
movimiento, con estas mujeres que habían
llegado demasiado lejos.
Con un beso el traidor
las señalaba, aquel 8 de diciembre,
en la iglesia de la Santa Cruz, donde las
Madres y las organizaciones debían
encontrarse para juntar el dinero recaudado,
para publicar la solicitada.
Era el Día de
la Virgen y la iglesia estaba colmada de fieles
celebrando la misa, mientras tanto cientos
de personas pasaban al jardín donde
Esther Ballestrino de Careaga, la delegada
de las Madres, recibía el dinero.
Allí estaba el infiltrado
que sólo puso unos centavos antes de
preguntar, preocupado, si Azucena no vendría.
Puede ser- le dijeron
las madres.
Pero, ¿viene
o no viene?- insistió con impaciencia,
antes de retirarse de la iglesia, sin esperar
respuesta, y ya nadie volvería a verlo.
Aquella tarde un Grupo
de Tareas con dos autos esperaban en la puerta,
para atajar a las Madres que debían
salir rumbo a Palermo.
Los marinos se llevaron
a Esther y a Mary Ponce de Bianco, junto
a ellas secuestraron a la hermana Alicia
Dumón y un grupo de jóvenes
que las acompañaban, con ellos se robaron
una tercera parte del monto acordado y la
solicitada sólo pudo ocupar media página.
Dos días después,
el 10 de diciembre, Azucena Villaflor
era secuestrada en la esquina de su casa,
cuando fue a comprar el diario, que contenía
la solicitada.
Regreso
Una investigación
periodística iniciada en diciembre
de 1999 por un equipo de alumnos y docentes
de la facultad de periodismo de la Universidad
Nacional de La Plata, en el partido de la
costa, reveló detalladamente la
ubicación de las fosas clandestinas
en el cementerio de General Lavalle. A
partir de un largometraje, Historias
de aparecidos, la investigación
fue dada a conocer en todo el país,
con su difusión en el canal estatal.
Las Madres fueron arrojadas
a las aguas, y el mar las devolvió,
la verdad que quiso ser escondida sigue
apareciendo, y esos huesos impregnados
con arena del tiempo, nos hablan de una sociedad
que tiene que aprender, igual que el chico
del sexto sentido, a mirar, a mirarse, a la
cara de sus propios fantasmas.
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Presentes
Las Madres seguiremos
en la lucha, reclamando justicia, castigo
a los culpables y conocer la verdad
histórica, en la Plaza
25 de Mayo las Madres rosarinas recordaban
así a las creadoras del movimiento
que comenzó a girar un 30 de
abril de 1977, en Plaza de Mayo, para
nunca detenerse.
Nosotras nos sentíamos
en deuda, por no haber concretado un
homenaje, al tiempo en que se conocía
la noticia de su hallazgo (...) Lo hacemos
hoy ante este lugar para nosotras sagrado,
donde recordamos y rendimos culto a
nuestros familiares desaparecidos y
asesinados durante el terrorismo de
Estado. Con cariño, dolor y admiración
hacemos nuestro homenaje a Azucena,
Esther y María Eugenia, iniciadoras
del movimiento de las Madres
Sabiendo que el mejor
de los tributos es seguir de pié,
las Madres marchaban, como cada jueves,
en la Plaza 25 de Mayo, y en el aire
se oían las palabras de Azucena
a sus compañeras, cuando ya se
habían llevado a Esther y a María
Eugenia... Si a mí me pasa
algo, ustedes sigan
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