por Jorge Cádus y Facundo
Toscanini
Otro adelanto del cuaderno
de crónicas periodísticas "Un
tiempo ayer ceniza" que relata historias
de la dictadura en el sur de Santa Fe, el
objetivo de la dictadura y su justificación
ideológica.
1974.
Lo que vendrá.
"En 1974, denuncias
de secuestro y torturas. La complicidad del
Estado con los crímenes era evidente.
La pérdida del valor de la vida corría
paralela con el cercenamiento de las libertades
democráticas", escribe Fernando
Ferreira en su Historia de la Censura. [01]
Persecución en las universidades y
en las fábricas, intervención
de medios de comunicación, prohibición
de revistas, películas y libros, detenciones
y fusilamientos. La Triple A (Alianza Anticomunista
Argentina) fundada por José López
Rega, entonces Ministro de Bienestar Social
de la Nación, escribía con sangre
el oscuro prólogo de los años
por venir. Sus métodos anticipaban
los métodos de los grupos de tareas
que organizaría la dictadura a partir
de marzo de 1976. Comisarios de la policía
federal; agentes de las policías provinciales;
militares retirados y en actividad (entre
ellos quien sería famoso en años
de democracia, Mohamed Alí Seineldín);
matones de las "patotas"
sindicales, y la complicidad de la Embajada
norteamericana, dieron forma a esta organización
que actuó con impunidad al amparo del
poder. [02]
Cuenta el periodista Miguel Bonasso: "El
31 de julio de 1974, la Triple A comenzó
a gestar su fama macabra con el asesinato
del diputado peronista disidente Rodolfo Ortega
Peña. Su entierro, donde fueron detenidas
350 personas, demostró la unidad orgánica
entre los que asesinaban como 3A por la noche
y arrestaban como policías federales
durante el día. El nexo era el jefe
de ambas organizaciones, el comisario Alberto
Villar" [03]. Las Tres A llegaron
a publicar periódicamente listas de
personas que serían asesinadas si no
abandonaban el país. En los años
que van de fines de 1973 hasta marzo de 1976,
la organización paramilitar cometió
no menos de 900 asesinatos.
1974. Firmat. La noche sobre los cuerpos.
En una madrugada de frío
y soledades, Ángel Vázquez cae
en mitad de la vereda, bajo las ruedas de
una camioneta que escapa, rauda, después
de atropellarlo. El cuerpo del "Negro"
Vázquez queda tendido en plena vereda.
"Era la madrugada del 2 de agosto
de 1974, en pleno auge de la Triple A",
relatan sus compañeros.
En ese 1974 de frío y soledades, en
el sur provincial se procesaban 800.000 litros
de leche diarios.
La lucha sindical por el salario justo tenía,
en el sector, uno de sus puntos fuertes, encabezada
por la Comisión Interna de Cotar, en
Rosario. Esa Comisión había
firmado con tres sindicatos de la Alimentación
un convenio donde se comprometían "a
no procesar la leche de estas usinas si alguna
de ellas entraba en conflicto". Cuenta
el abogado Horacio Zamboni: "Y entró
Cotar en conflicto. Y 150 ó 200.000
litros de leche fueron a parar a la empresa
Nestlé, en Firmat. Y el Sindicato de
Firmat, haciendo honor a sus compromisos,
no aceptó procesar la leche".
"Es en estas circunstancias que es
asesinado Ángel Vázquez, por
orden de la Triple A. Y es el diputado Hipólito
Acuña, del gremio de la Alimentación
de la ciudad de Santa Fe, quien dio la orden",
completa Zamboni. [04]
Ángel Vázquez era el Secretario
de aquel Sindicato de la Alimentación
de Firmat. Y el jefe de la acción solidaria
para con los obreros de Cotar. Había
llegado a la ciudad obrera en migraciones
internas, buscando el mango y el futuro posible.
Entre changa y changa fue construyendo amistad,
política y dignidades. Como buen proletario,
supo de paros, cesantías, y presiones.
También supo que su nombre figuraba
en varias "listas negras",
que lo privaron del trabajo y el plato servido
en la mesa. Y supo de las amenazas cuando
decidió no vender la palabra y enfrentar
nada menos que al poder económico de
Nestlé en Firmat, a los corruptos dirigentes
sindicales de la provincia, y a sus mercenarios
a sueldo. Todavía hoy, sus compañeros,
Pablo Sarquís y José Sánchez,
lo recuerdan como "una persona íntegra,
que jamás negociaba los derechos de
los trabajadores". [05]
Pero es agosto, es madrugada, y Ángel
Vázquez, el "Negro"
Vázquez, cae bajo las ruedas de una
camioneta. El cuerpo del "Negro"
queda tendido en plena vereda.
A su lado, hecha un amasijo de hierro y cuero,
su bicicleta será un testigo mudo del
crimen.
1975. Nombres y muertes.
El 10 de abril de 1975,
en Villa Diego, es asesinado Miguel Angel
Lobotti, obrero de Acindar.
La noche del terror cubrirá el sur
santafesino: el 17 de ese mes, en un campo
de Roldán, se hallaron los cuerpos
de tres hombres no identificados muertos a
balazos. El 18 fueron asesinados Juan Carlos
Ponce de León, canillita, y Adelaido
Viribay, trabajador portuario, ambos en Villa
Constitución. El 19 de abril, en el
cementerio de San Lorenzo, son sepultados
los cuerpos de cinco hombres.
La lista de crímenes crece. Se alimenta
de impunidades: a las muertes de Constatino
Razetti en octubre de 1973, del abogado Felipe
Rodríguez Araya y del procurador Luis
Eduardo Lescano (asesinados en septiembre
de 1975) se suman dos albañiles rosarinos
sin identificar; Reynaldo Guzmán; Casimiro
Ovando; Rodolfo Angel Mancini, José
García y Jorge Chaparro (obreros de
Metcon y Acíndar, de Villa Constitución);
Adriana Susana Estévez y su esposo,
el abogado Jorge Ernesto Araya Echesortu;
Santiago Delfín Zapata, Abromio Acosta
y Pedro José Martínez (fusilados
en zona rural de Alvear) y Zulema Williner
de Godano (militante de Montoneros, sobreviviente
de la masacre de Trelew). El 20 de octubre,
en Villa Constitución, son asesinados
Julio Palacios y Carlos Alberto Ruescas (obreros
metalúrgicos) y la abogada María
Concepción De Grandis. Los cuerpos
fueron descubiertos en un camino de tierra
situado detrás de una estación
del Ferrocarril Belgrano, a un kilómetro
de Villa Amelia. Las estudiantes Antonia Mercedes
Buitron y Laura Diana Gentile; Juan Carlos
Taborda, empleado de Metalcid; los obreros
Juan Carlos Salinas (de Talleres Luccy), Oscar
Raúl Ojeda, (de Acindar), y Domingo
Salinas, (de Marathon) completan, hacia fines
de 1975, la larga lista de crímenes
impunes que la justicia no investigó
jamás. El 8 de enero de 1976, tres
obreros de Acindar, Carlos Antonio Tonso,
Pedro Antonio Reche y Jorge Andino fueron
asesinados en una zona rural vecina a Villa
Constitución. [06]
Escribe el periodista Osvaldo Aguirre: "las
ejecuciones de militantes políticos
ocurridas en 1975 muestran tantas características
comunes que hacen pensar en la actuación
de un solo grupo, situado al margen de las
llamadas fuerzas de seguridad pero operando
con la autorización y colaboración
de jefes militares y policiales".
"El general Otto Paladino tuvo una
íntima relación con organismos
parapoliciales, y sobre todo con la Unidad
Especial de la Triple A, que, al mando del
subcomisario de la Policía Federal
Juan Ramón Morales, prototipo del oficial
corrompido y vinculado a la delincuencia común,
cometió gran parte de los asesinos
atribuidos a esa organización",
sostiene Osvaldo Aguirre. Por su parte, el
ex inspector de la Policía Federal
Peregrino Fernández señaló
que "un grupo de la Triple A operó
en forma constante durante 1975 en Villa Constitución
a las órdenes del comisario Antonio
Fischietti, alias "El Padrino" o
"Don Chicho", ex delegado de la
Policía Federal en Tucumán.
Entre los oficiales que lo secundaban, identificó
a Juan Ramón Morales, Gustavo Mosquera
y otros dos de apellidos Salas y Muñoz".
En los testimonios de los familiares de las
víctimas se repiten, también,
los nombres de Aníbal y Marcelo Gordon
como integrantes del grupo paramilitar.
1977. Carta al futuro.
"Las tres
A desaparecen de la escena a partir del golpe
de Estado del 24 de marzo de 1976. ¿Por
qué? La respuesta es obvia: porque
se integran al Estado..." reflexionaría
el fiscal Julio César Strassera años
después, durante el Juicio a los jerarcas
de la dictadura. [07]
"Las tres A son hoy las tres Armas,
y la Junta que ustedes presiden no es el fiel
de la balanza entre 'violencias de distintos
signos' ni el árbitro justo entre 'dos
terrorismos', sino la fuente misma del terror
que ha perdido el rumbo y sólo puede
balbucear el discurso de la muerte",
había denunciado, en su Carta Abierta
de marzo de 1977, el periodista y escritor
Rodolfo Jorge Walsh. [08]
Citas:
[01] Fernando Ferreira. Una historia de la
censura. Grupo Editorial Norma. 2000.
[02] Marcos Novaro / Vicente Palermo. La dictadura
militar. 1976/1983. Editorial Paidós.
2003.
[03] Miguel Bonasso. El presidente que no
fue. Planeta Espejo de la Argentina. 1997.
[04] Horacio Zamboni. Exposición en
La Toma. Rosario. Junio 2004.
[05] La Capital. 28 de marzo de 2004.
[06] Osvaldo Aguirre. Los pasos de la memoria.
[07] Sergio Ciancaglini / Martín Granovsky.
Nada más que la verdad. Planeta Espejo
de la Argentina. 1995.
[08] Rodolfo Walsh. Carta Abierta a la Junta
Militar. Marzo 1977.
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