Alguien aquí conmigo

por Antonela Scocco

antonelascocco@yahoo.com.ar

 

Víctor Heredia presentó en Rosario su primera novela, “Alguien aquí conmigo”, que relata la historia de un militante de los años ’70 desaparecido por la última dictadura.

Con sólo 21 años pertenezco a la llamada generación “democrática”. Mi generación es la del “no te metas”, una generación vacía de ideales, una generación sin esperanzas a la cual le cuesta aferrarse a algo que parezca sólido. Pero gente como Víctor Heredia contribuyen a mantener viva la esperanza, a que pibes como yo sepamos que si hubo una generación que luchó a pesar de todo, la nuestra todavía no está perdida.

Víctor Heredia, “el escritor del pueblo” como lo definió Carlos Del Frade en la presentación en Rosario de la primera novela editada por el cantautor. Alguien aquí conmigo, que se presentó el jueves 24 de junio en el Centro Cultural Parque de España, cuenta la historia de uno de los tantos argentinos que sufrió los horrores de la última dictadura. Es ficción, pero tranquilamente el protagonista podría ser la encarnación de cualquier militante de aquella época.

“De alguna manera ahí está descripta la acción, el pensamiento, los ideales y los gustos de la generación victoriosa. No coincido con que aún dure la derrota, en este libro hablo de la victoria, de otra manera no estaríamos aquí sentados hablando sobre este tema, en un espacio abierto de libertad y democracia. La generación triunfó, por eso hoy podemos intentar encarcelar a quienes cometieron esos crímenes de lesa humanidad. Este es el legado maravilloso que en apariencia fue una derrota, pero, en realidad, fue una victoria a todas luces”, dice esperanzado un Víctor Heredia desbordado por tanto cariño proveniente del público presente. No estoy del todo de acuerdo con Heredia, porque si hay un lugar donde la dictadura triunfó fue sobre mi generación: nos labaron las conciencias, nos robaron la posibilidad de pensar.

Represento a la generación de la desesperanza, a la generación que le resulta difícil confiar en alguien, pero Víctor ha depositado una gran esperanza en el presidente Kirchner y surge la pregunta: ¿por qué?. “Una cosa es un estúpido optimista y otra cosa un hombre esperanzado. El estúpido optimista cree que va ha haber un milagro y el hombre esperanzado analiza su esperanza”, expresa Heredia. Entonces, el hombre esperanzado analiza su esperanza hacia el gobierno nacional: “El gobierno fue acusado de autoritarismo por algunos sectores, porque se niega a sentarse a debatir la política nacional con los representantes de los partidos políticos y esto es lo que alienta mi esperanza. El presidente tiene absolutamente claro que, de sentarse a esa mesa, no sólo va a recibir las presiones económicas de los grandes centros económicos del mundo, sino que también va a recibir las presiones de las corporaciones políticas que representan los distintos intereses económicos del país. Y les dijo: las corporaciones partidarias tienen su oportunidad en el espacio que se les ha adjudicado que es el Congreso de la Nación. (...) Creo que no es un gesto autoritario, es un gesto absolutamente saludable.” A continuación, con su tranquilidad característica, asegura que el presidente está muy solo y que únicamente el pueblo argentino puede ayudarlo.

¿Cómo hacer para que aquel horror no se repita? ¿Cómo hacer para que todos los que nacimos desde el ´80 en adelante tengamos clara conciencia de lo ocurrido por aquellos años? Alguien aquí conmigo contribuye a cultivar la memoria: “Es un libro recordatorio para quienes vivimos la critica situación que propuso la dictadura entre el ’76 y el ’83. Hubiera sido maravilloso que este libro lo leyeran los jóvenes. (...) Presiento que los chicos tal vez encuentren aquí algunas respuestas a muchas preguntas que se hacen (...) ya que quizás no puedan encarar el Nunca Más por la crueldad en el libro, a mí también me costó mucho leerlo...”, expresa Víctor en respuesta a los interrogantes antes planteados. Entonces, mientras lo escucho, es cuando siento que aún algo podemos hacer algo y que hay “alguien aquí conmigo”.

 

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