por Thito Amantte*
Soy
nacido el 25 de abril de 1974. Mi viejo fue
un militante afiliado al partido comunista
y ex-laburante de las metalúrgicas
de Villa Constitución y mi vieja fue
una maestra de grado. Como tantos creían
que su tarea en esta tierra era luchar por
un mundo mejor, lejos de la ignorancia y con
la proa del alma de cara a una Nación
de justicia e igualdad. Ellos amaban la Revolución
Cubana.
No es casualidad que me llame Ernesto.
El 24 de marzo del 76 ellos
enterraron en el fondo de casa junto con los
libros del Che, de Ingenieros y de Marx todas
sus esperanzas.
Preparate
¡Vos no sabes
lo que se viene! Comentaba mi padre, y
no le erró.
En ese tiempo él era viajante de comercio.
Sus viajes le daban la oportunidad de recabar
datos, historias, de ver como un golpe de
estado no era ni reorganizador ni nacional.
Le daba así mismo la oportunidad de
palpar la complicidad de muchos por miedo
o por voluntad propia. Pudo saber que los
argentinos no éramos ni Derechos ni
Humanos. Nadie ignoraba lo que sucedía.
¡Nadie!
No fueron pocas las veces
que llegaron visitas sospechosas de supuestos
vendedores ambulantes a mi casa, averiguando
datos e intentando saber siempre más
sobre acciones privadas de la familia.
Yo no recuerdo mucho, salvo algunos partidos
de la selección o algunas golosinas
con el logo del Mundial.
Ya en la escuela primaria
fui combatiente de Malvinas, jugando a ganar
una guerra que, cada tarde al salir de la
escuela se libraba en el parque del Sporting
Club y nos mantenía ocupados en el
campo de batalla a los pibes del barrio hasta
entrada la noche.
Pude experimentar esa sensación de
que algo pasaba.
Yo escribí cartas al soldado desconocido.
Mi abuela tejió bufandas, mandamos
chocolates.
Por el ramal ferroviario que pasa por Bigand,
mi pueblo, el que une Rosario con Bahía
Blanca pasaban los soldados.
Yo fui testigo de los programas solidarios
en los que todos daban todo para los
chicos de la guerra. De eso sí
me acuerdo.
La escuela secundaria nos
habló de torturas, de violaciones a
los derechos humanos, vejaciones, actos delictivos,
Terrorismo de Estado y Desaparecidos, gente
que no está
ni viva
ni muerta
simplemente no está.
Con el tiempo fui estudiante
de la vieja y querida Universidad Tecnológica
Nacional.
Allí conocí otras historias,
allí tuve más datos que mostraban
como esta manga de mal nacidos trabajó
sistemáticamente para derrumbar toda
posible salida. Allí cayeron idealistas,
alumnos, profesores, obreros, hombres, mujeres,
padres, hijos, inocentes
así
se masacró un pueblo pensante, valiente.
30.000 iluminaron la historia con su heroísmo
y otros tantos se auto-exiliaron, y otros
tantos sobrevivieron y andan arrastrando las
secuelas de los centros clandestinos de detención.
Hoy con 31 años y con el sueño
de cambiar al mundo con una canción,
estoy junto a Claudio, Luciano y Diego en
el camino de la música popular. Somos
Caburé. Tenemos como bandera
a la canción documental, social, comprometida
y revolucionaria de la idea. Para no olvidar,
para ejercitar la memoria, para no repetir
viejos errores y para dar testimonio del compromiso
eterno con la Libertad.
Porque aún a 30 años del horror
hay voces
Muchas voces que siguen sosteniendo
que
¡La represión!
No fue verdad,
es un invento de las Madres de la Paz
Una brutal aberración...
¿En Argentina campos de concentración?
¡Ay! por favor, ¡no mientan más!
¡Algo habrán hecho los que ya
no están acá!
Nuestras voces junto con
otras voces dicen a gritos, de pie y con la
mano en alto:
¡Indultada camarilla
de homicidas
sin justicia no cierran las heridas!
¡Mal nacida pandilla de asesinos
la condena social es el camino!
*
Integrante del grupo musical Caburé
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