Historias a 30 años del golpe

 

por Antonela Scocco

antonelascocco@yahoo.com.ar

 

La guerra de Malvinas y mi propia historia. En el bar Rock&Feller’s se escuchan gritos de terror. Una jovencita de 14 años que con la palabra pretende construir memoria.

 

Mayo de 1982. Mi mamá se entera que está embarazada de mí y escribe: “(...) tu llegada fue muy deseada por nosotros, a pesar que tu gestación fue en un momento muy difícil para el país todo, pues estabamos en guerra. (...)”

Junio de 1982. Los pibes argentinos volvían de Malvinas con la cabeza gacha, algunos habían dejado alguna parte de su cuerpo en las islas, mientras que otros nunca lograron volver. La Junta Militar que gobernaba el país, comandada por el general borracho Leopoldo Galtieri, tenía sus días contados. La sociedad argentina, que meses atrás había vivado a Galtieri en Plaza de Mayo, tomaba conciencia de la crueldad de la guerra. Mi mamá escribía: “Estos señores no solo llevaron al país a una guerra sin sentido (...), sino que lo hicieron en un momento muy difícil para el pueblo argentino, porque ellos se habían encargado que exista el hambre, la miseria y la desocupación, que Argentina se encontrara unida por la pobreza”. Pobreza y muerte, sin importar demasiado quien la sufriera, fueron los únicos objetivos de la denominada “guerra contra la subversión”.
Nací en enero de 1983 cuando el país comenzaba a destapar la olla y a enterarse de los horrores de la dictadura. Luego vendría la democracia y una etapa caracterizada por la desmemoria de muchos y el “no te metas”.


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En la esquina de Córdoba y Moreno, se levanta el edificio del bar Rock&Feller’s. Edificio en el cual, por los años oscuros de la dictadura, tenía asiento el II Cuerpo del Ejercito, quien decidía sobre la vida y la muerte del noreste argentino. De aquella terrible época, hoy solo queda su arquitectura, ya que con lujos y luces se intenta negar su pasado. La Municipalidad hace tiempo prometió convertirlo en el Museo de la Memoria. Aún no ha sucedido nada. Pero, a pesar de los incansables intentos por borrar las marcas del horror, sus historias emergen a la superficie. Dicen que entre los empleados del bar, chicos de menos de 30 años que no han vivido aquellos tiempos, está el temor de bajar al sótano porque se escuchan gritos de terror, gritos que pertenecen a quienes dejaron su vida allí. Son las huellas de la memoria que poco a poco florece.


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La palabra también es memoria

Cuanta ausencia de poder utilizar la palabra hemos tenido.
Que te digan qué tenés que pensar y decir,
son pesadillas que no hay que volver a repetir.
Construyamos la libertad de palabra
en un país en democracia,
para utilizar la fuerza de esta;
así se levanta un pueblo con memoria
donde no se olvida el sueño de aquellos
que lucharon por un país con poder de palabra
de decisión, de libertad, de lucha por sus creencias.
Por eso, en la unión, debemos encontrar,
la dignidad de una nación que no esta vencida,
aunque nadie nos devolverá a los caídos,
que se enfrentaron a los asesinos que hoy gozan de este mismo sol.
Si todos juntos podemos entender el poder de la palabra;
entenderemos que hacer justicia, no es solo una frase.
A todos los que se cruzan con la ignorancia,
a su destino le dan el sentido de lo que no quieren escuchar.
Utilicemos la palabra para impedir que tanto horror e injusticia se repita.
No tardemos en reconocer que la historia puede volver a ser la misma,
no tardemos en reconocer que nos pueden engañar otra vez,
no tardemos en conseguir la paz, en todo el sentido que se le quiera dar,
la paz de este pueblo, así tal vez otros la quieran imitar.
Dejemos atrás la violencia para expresarnos,
si no hagámoslo con la palabra, con ella y su poder.
Palabra en el diccionario significa: facultad de hablar, hagámoslo
hablemos, expresémonos, pronunciémonos, demos a conocer nuestras ideas
para poder ayudar a construir un país libre y con memoria
así podremos todos sacarle las rejas a los sueños que alguna vez nacieron
pero quedaron olvidados o tal vez ignorado o tal vez destruidos.

Flavia Lucía Montanaro

 



En noviembre de 2004, se llevó a cabo en Rosario el III Congreso Internacional de Lengua Española. A Flavia, una jovencita de 14 años, le pidieron en la escuela que escribiera un poema sobre “la palabra”. Vaya uno a saber por qué, Flavia imaginó que la palabra debe servir para construir esa memoria necesaria para que podamos pensar en un futuro. “Esta poesía la hice para que nunca se olvide a esas personas que hubiesen cambiado el país”, dice Flavia emocionada cuando le contamos que su escrito iba a ser publicado.


 

 

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