por Jorge Cadús
revistapostales@ciudad.com.ar
La noticia apareció
en el diario La Capital, el domingo 1º
de julio de 1973,
bajo el título "El eclipse
solar se apreció nítidamente".
Era un recorrido por distintas ciudades y
poblados del mundo, desde donde se había
"disfrutado" de la vista de
un eclipse de sol.
En un recuadro, un cable
de la agencia UPI relataba cómo habían
reaccionado los pobladores de Loiyangali,
Kenia, el lugar desde donde el eclipse se
podía estudiar con más claridad,
y hasta donde habían llegado, entonces,
un grupo importante de científicos
de todo el mundo.
Dice la crónica: "Los científicos
exploraron los secretos del sol y los tribeños
creyeron que los astrónomos les habían
robado el Astro Rey durante el eclipse solar.
Los gallos cantaron al segundo amanecer del
día y los sorprendidos pájaros
levantaron vuelo desde las orillas del lago
de verdes aguas rumbo a sus nidos, sin comprender
por qué la noche había llegado
tan pronto. Millones de flores cerraron sus
pétalos durante la breve noche del
eclipse y los volvieron a abrir al casi inmediato
amanecer".
Como una temprana profecía
de lo que apenas un par de años después
se desataría sobre estos arrabales,
el cable de la agencia UPI adivinaba el aturdido
vuelo de nuestros pájaros perdidos
en la noche del terror.
La historia, gitana adivinadora, jugaba a
leer en la geografía de nuestras manos
el número de los pétalos caídos
"en la noche del eclipse".
Dice la noticia de aquel
1973 que "el eclipse se extendió
durante siete minutos".
Siete años, del 76 al 83, duró
la noche profetizada.
Pero la profecía,
que apenas presagiaba primaveras posteriores
al eclipse, fracasó.
Sigue el cable de la agencia
UPI: "Mientras la gris franja de sombra
pasaba a través del lago, las aterrorizadas
mujeres de la tribu corrían hacia sus
chozas y cerraban las entradas con chapas
de cinc y cajas de cartón".
En nuestro largo eclipse del terror, las mujeres
no corrieron a sus casas, a cerrar las entradas
con chapas y cajas de cartón.
La profecía
fracasó.
En nuestro largo eclipse del terror, las mujeres
desafiaron los presagios, se enfrentaron a
quienes nos robaban el sol, y apenitas con
un pañuelo blanco en las cabezas demostraron
que la historia no es una gitana adivinadora,
sino una lucha, a la que hay que aprender
a ponerle el cuerpo.
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